En nuestras actuales circunstancias, la imperfección de las realidades de este mundo, o sea, la precariedad de la vida que experimentamos así como las consecuencias del pecado de los demás que se contabilizan en sufrimiento, constituye como bien dices un escalón para acercarnos al Padre. Piensa que estas experiencias son como una removida continua del suelo que pisamos a fin de poner los ojos en los bienes espirituales. Y aunque la imperfección de este mundo material forma parte del plan de Dios, no podemos afirmar lo mismo acerca del pecado. Mas una vez dada la circunstancia del mal y el pecado, cuando las experimentamos, obtendremos sabiduría. No en vano el Libro de Urantia nos habla de que los espíritus finalistas, que son los humanos que ya son espíritus superevolucionados, que proceden de mundos donde el pecado de la rebelion ha tenido lugar, obtienen un estatus superior precisamente por haber hecho su camino desde mundos así.
A continuación copio una cita del Libro en la que se recoje un matiz importante que me gustaría destacar: Página 1572.
La fortaleza de carácter no se deriva de no hacer el mal, sino de hacer el bien. La generosidad es la marca de la grandeza humana. Los niveles más altos de autorrealización se obtienen mediante la adoración y el servicio. La persona feliz y eficiente está motivada, no por el temor de hacer el mal, sino por el amor a hacer el bien.
Dicho de otro modo: desde el punto de vista espiritual tiéne más valor, el levantarse, el empeño por el bien que el número de errores que cometamos... Si miras las manos de un hortelano comprobarás que están llenas de cayos, éstos son la respuesta del cuerpo a la continua fricción por causa del trabajo. Y es que el hortelano no repara en sus cayos sino en los frutos que pronto recogerá de su huerto. Del mismo modo, el alma del hombre, para su progreso debe poner sus miras más en los frutos de su perseverancia que en el temor a equivocarse.
Un abrazo, Nilo