Publicado 09 agosto 2012 - 03:58
Hola Carlos, gracias por tu bienvenida.
Respecto a la pregunta que me haces, el comentario que hice es totalmente personal o subjetivo. No quiero que se malinterprete como una verdad absoluta ni mucho menos. Digo que fue Abba quien me guió porque ahora sé que el Jehová de las escrituras hebreas era un Dios hecho a imagen y semejanza del ser humano, y no el Padre (Abba en hebreo como bien indicas) que nos enseñó Jesús de Nazareth.
En el LU Jesús indica que el Dios de los judíos, Jehová o Yavhé, era una interpretación de una humanidad infantil o en pañales que aun no veía a Dios en su debida perspectiva. Él dice que conforme la humanidad ha ido creciendo ha ido progresando en su manera de ver a Dios. En ese aspecto, mi visión de Dios no fue como el Dios hebreo, sino como el Padre o Abba que predicó Jesús de Nazareth, es por eso que lo llamo Abba, más que nada para que no se confunda con la santurronería de los católicos que llaman a sus sacerdotes "padres". Además, me encanta el grupo ABBA y me suena bien cuando llamo a Dios por ese nombre. Lo relaciono con las alegres canciones de este conocido grupo sueco.
Saludos,
Rubén
P.D.: Baso algunos de mis argumentos sobre la visión de Yavhé o Jehová en esta parte del LU que me ha encantado:
La ira de Dios
(1597.1) 142:2.1 Se encontraba en Jerusalén, asistiendo a las festividades de la Pascua, un rico negociante judío de Creta llamado Jacobo, que fue hasta Andrés para pedirle ver a Jesús en privado. Andrés arregló este encuentro secreto con Jesús en la casa de Flavio para el día siguiente al anochecer. Este hombre no podía comprender las enseñanzas del Maestro, y venía porque deseaba indagar más plenamente sobre el reino de Dios. Jacobo le dijo a Jesús: «Pero, Rabino, Moisés y los antiguos profetas nos dicen que Yahvé es un Dios celoso, un Dios con una gran ira y un intenso furor. Los profetas dicen que odia a los malhechores y que se venga de los que no obedecen su ley. Tú y tus discípulos nos enseñáis que Dios es un Padre benévolo y compasivo que ama tanto a todos los hombres que los acogería con agrado en este nuevo reino de los cielos que tú proclamas tan cercano.»
(1597.2) 142:2.2 Cuando Jacobo terminó de hablar, Jesús contestó: «Jacobo, has expuesto muy bien las enseñanzas de los antiguos profetas, que instruyeron a los hijos de su generación de acuerdo con las luces de su tiempo. Nuestro Padre que está en el Paraíso es invariable. Pero el concepto de su naturaleza se ha ampliado y ha crecido desde la época de Moisés hasta los tiempos de Amós, e incluso hasta la generación del profeta Isaías. Ahora, yo he venido en forma carnal para revelar el Padre con una nueva gloria y dar a conocer su amor y su misericordia a todos los hombres de todos los mundos. A medida que el evangelio de este reino se divulgue por el mundo con su mensaje de felicidad y de buena voluntad para todos los hombres, nacerán unas relaciones mejores y superiores entre las familias de todas las naciones. A medida que pase el tiempo, los padres y sus hijos se amarán más los unos a los otros, y esto producirá una mayor comprensión del amor del Padre que está en los cielos por sus hijos de la Tierra. Recuerda, Jacobo, que un padre bueno y verdadero no solamente ama a su familia como un todo — como una familia — sino que también ama de verdad y cuida con afecto a cada miembro individual.»
(1597.3) 142:2.3 Después de mucho discutir sobre el carácter del Padre celestial, Jesús se detuvo para decir: «Tú, Jacobo, como eres padre de una familia numerosa, conoces bien la verdad de mis palabras.» Y Jacobo dijo: «Pero Maestro, ¿quién te ha dicho que soy padre de seis hijos? ¿Cómo sabías esto de mí?» Y el Maestro contestó: «Basta con decir que el Padre y el Hijo conocen todas las cosas, porque en verdad lo ven todo. Puesto que amas a tus hijos como un padre terrestre, ahora debes aceptar como una realidad el amor del Padre celestial por ti — no solamente por todos los hijos de Abraham, sino por ti, por tu alma individual.»
(1597.4) 142:2.4 Jesús continuó diciendo: «Cuando tus hijos son muy jóvenes e inmaduros, y has de castigarlos, pueden pensar que su padre está enojado y lleno de ira resentida. Su inmadurez no les permite penetrar más allá del castigo para discernir el afecto previsor y correctivo del padre. Pero cuando estos mismos hijos se vuelven hombres y mujeres adultos, ¿no sería insensato por su parte agarrarse a estos conceptos antiguos y equivocados sobre su padre? Como hombres y mujeres, deberían discernir ahora el amor de su padre en todas estas correcciones de los primeros años. A medida que transcurren los siglos, ¿no debería la humanidad llegar a comprender mejor la verdadera naturaleza y el carácter amoroso del Padre que está en los cielos? ¿Qué provecho sacáis de la iluminación espiritual de las generaciones sucesivas, si persistís en ver a Dios como lo veían Moisés y los profetas? Te digo, Jacobo, que a la brillante luz de esta hora, deberías ver al Padre como ninguno de tus antecesores lo han contemplado nunca. Al verlo de esta manera, deberías regocijarte por entrar en un reino donde gobierna un Padre tan misericordioso, y deberías procurar que su voluntad de amor domine tu vida de aquí en adelante.»
(1598.1) 142:2.5 Y Jacobo contestó: «Rabino, yo creo; deseo que me conduzcas al reino del Padre.»
3. El concepto de Dios
(1598.2) 142:3.1 La mayoría de los doce apóstoles habían escuchado este debate sobre el carácter de Dios, y aquella noche hicieron muchas preguntas a Jesús sobre el Padre que está en los cielos. La mejor manera de presentar las respuestas del Maestro a estas preguntas consiste en resumirlas de la manera siguiente con un lenguaje moderno:
(1598.3) 142:3.2 Jesús reprendió suavemente a los doce, diciéndoles en esencia: ¿No conocéis las tradiciones de Israel relacionadas con el crecimiento de la idea de Yahvé, e ignoráis la enseñanza de las Escrituras sobre la doctrina de Dios? Luego el Maestro empezó a instruir a los apóstoles sobre la evolución del concepto de la Deidad a lo largo de todo el desarrollo del pueblo judío. Llamó su atención sobre las siguientes fases del crecimiento de la idea de Dios:
(1598.4) 142:3.3 1. Yahvé — El dios de los clanes del Sinaí. Éste era el concepto primitivo de la Deidad, que Moisés elevó al nivel superior de Señor Dios de Israel. El Padre que está en los cielos nunca deja de aceptar la adoración sincera de sus hijos de la Tierra, por muy tosco que sea su concepto de la Deidad o el nombre con que simbolizan su naturaleza divina.
(1598.5) 142:3.4 2. El Altísimo. Este concepto del Padre que está en los cielos fue proclamado por Melquisedek a Abraham, y desde Salem fue llevado muy lejos por aquellos que creyeron posteriormente en esta idea ampliada y expandida de la Deidad. Abraham y su hermano se fueron de Ur porque se había establecido allí la adoración del Sol, y se volvieron creyentes en las enseñanzas de Melquisedek sobre El Elyón — el Dios Altísimo. Tenían un concepto compuesto de Dios, consistente en una mezcla de sus antiguas ideas mesopotámicas y de la doctrina del Altísimo.
(1598.6) 142:3.5 3. El Shaddai. Durante aquellos tiempos primitivos, muchos hebreos adoraban a El Shaddai, el concepto egipcio del Dios del cielo, que habían aprendido durante su cautiverio en la tierra del Nilo. Mucho tiempo después de la época de Melquisedek, estos tres conceptos de Dios se fundieron en uno solo para formar la doctrina de la Deidad creadora, el Señor Dios de Israel.
(1598.7) 142:3.6 4. Elohim. La enseñanza sobre la Trinidad del Paraíso ha sobrevivido desde los tiempos de Adán. ¿No recordáis que las Escrituras empiezan afirmando que «En el principio, los Dioses crearon los cielos y la Tierra»? Esto indica que cuando se escribió este pasaje, el concepto trinitario de tres Dioses en uno había encontrado su lugar en la religión de nuestros antepasados.
(1598.8) 142:3.7 5. El Yahvé Supremo. En los tiempos de Isaías, estas creencias sobre Dios se habían ampliado hasta el concepto de un Creador Universal que era a la vez todopoderoso y totalmente misericordioso. Este concepto de Dios, en vías de evolución y ampliación, suplantó en la práctica todas las ideas anteriores que la religión de nuestros padres tenía sobre la Deidad.
(1598.9) 142:3.8 6. El Padre que está en los cielos. Y ahora, conocemos a Dios como nuestro Padre que está en los cielos. Nuestra enseñanza proporciona una religión en la que el creyente es un hijo de Dios. Ésta es la buena nueva del evangelio del reino de los cielos. El Hijo y el Espíritu coexisten con el Padre, y la revelación de la naturaleza y del ministerio de estas Deidades del Paraíso continuará ampliándose y clarificándose a lo largo de las eras sin fin de la progresión espiritual eterna de los hijos ascendentes de Dios. En todos los tiempos y durante todas las épocas, la adoración verdadera de cualquier ser humano — respecto al progreso espiritual individual — es reconocida por el espíritu interior como un homenaje que se rinde al Padre que está en los cielos.
(1599.1) 142:3.9 Los apóstoles nunca se habían sentido antes tan conmocionados como al escuchar este relato del crecimiento del concepto de Dios en la mente judía de las generaciones anteriores; estaban demasiado aturdidos como para hacer preguntas. Mientras permanecían sentados en silencio delante de Jesús, el Maestro continuó: «Habríais conocido estas verdades si hubierais leído las Escrituras. ¿No habéis leído lo que se dice en Samuel: ‘Y la ira del Señor se encendió contra Israel, de tal manera que incitó a David contra ellos, diciéndole que fuera a contar a Israel y a Judá`? Esto no era de extrañar, porque en la época de Samuel, los hijos de Abraham creían realmente que Yahvé creaba tanto el bien como el mal. Pero cuando un escritor posterior narró estos acontecimientos, después de la ampliación del concepto judío sobre la naturaleza de Dios, no se atrevió a atribuir el mal a Yahvé, y por esta razón dijo: ‘Y Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David para que contara a Israel.` ¿No podéis discernir que estos relatos de las Escrituras muestran claramente cómo continuó creciendo el concepto de la naturaleza de Dios de una generación a la siguiente?
(1599.2) 142:3.10 «También deberíais haber percibido el crecimiento de la comprensión de la ley divina, en perfecta congruencia con estos conceptos ampliados de la divinidad. Cuando los hijos de Israel salieron de Egipto, en una fecha anterior a la revelación ampliada de Yahvé, tenían diez mandamientos que les sirvieron de ley hasta la época en que acamparon delante del Sinaí. Estos diez mandamientos eran:
(1599.3) 142:3.11 «1. No adoraréis a ningún otro dios, porque el Señor es un Dios celoso.
(1599.4) 142:3.12 «2. No fundiréis imágenes de dioses.
(1599.5) 142:3.13 «3. No dejaréis de guardar la fiesta del pan ázimo.
(1599.6) 142:3.14 «4. Todos los machos primogénitos de los hombres y de los animales me pertenecen, dice el Señor.
(1599.7) 142:3.15 «5. Podéis trabajar seis días, pero el séptimo descansaréis.
(1599.8) 142:3.16 «6. No dejaréis de guardar la fiesta de las primeras frutas y la fiesta de la cosecha a final de año.
(1599.9) 142:3.17 «7. No ofreceréis la sangre de ningún sacrificio con pan fermentado.
(1599.10) 142:3.18 «8. El sacrificio de la fiesta de la Pascua no se dejará allí hasta por la mañana.
(1599.11) 142:3.19 «9. Llevaréis a la casa del Señor vuestro Dios las primicias de los primeros frutos de la tierra.
(1599.12) 142:3.20 «10. No herviréis un cabrito en la leche de su madre.
(1599.13) 142:3.21 «Luego, en medio de los truenos y los relámpagos del Sinaí, Moisés les dio los nuevos diez mandamientos, y todos admitiréis que son unas expresiones más dignas de acompañar los conceptos ampliados de la Deidad, representados como Yahvé. ¿No habéis observado nunca que estos mandamientos están registrados dos veces en las Escrituras? En el primer caso, la liberación de Egipto se señala como razón para guardar el sábado, mientras que en un escrito posterior, las creencias religiosas en progreso de nuestros antepasados exigieron que este texto fuera cambiado para reconocer el hecho de la creación como motivo para respetar el sábado.
(1599.14) 142:3.22 «Y luego, recordaréis que una vez más — en la época de Isaías, cuando había una mayor iluminación espiritual — estos diez mandamientos negativos fueron cambiados por la gran ley positiva del amor, por el precepto de amar a Dios de manera suprema y a vuestro prójimo como a vosotros mismos. Yo también os declaro que esta ley suprema del amor a Dios y a los hombres constituye todo el deber de los hombres.»
(1600.1) 142:3.23 Cuando terminó de hablar, nadie le hizo ninguna pregunta. Y cada uno de ellos se retiró para descansar.
4. Flavio y la cultura griega
(1600.2) 142:4.1 Flavio, el judío griego, era un prosélito sin acceso al templo, pues no había sido circuncidado ni bautizado. Como apreciaba mucho la belleza en el arte y la escultura, la casa que ocupaba durante su estancia en Jerusalén era un hermoso edificio. Este hogar estaba exquisitamente adornado con tesoros inapreciables que había rebuscado aquí y allá en sus viajes por el mundo. Cuando pensó por primera vez en invitar a Jesús a su casa, temía que el Maestro pudiera ofenderse al ver aquellas pretendidas imágenes. Pero cuando Jesús entró en la casa, Flavio se quedó agradablemente sorprendido ya que, en lugar de reprenderle por tener aquellos objetos supuestamente idólatras esparcidos por toda la casa, manifestó un gran interés por toda la colección, y mostró su aprecio haciendo muchas preguntas sobre cada objeto, mientras que Flavio lo acompañaba de una habitación a otra, mostrándole sus estatuas favoritas.
(1600.3) 142:4.2 El Maestro vio que su anfitrión estaba aturdido por su actitud favorable hacia el arte; por consiguiente, cuando terminaron de examinar toda la colección, Jesús dijo: «Puesto que sabes apreciar la belleza de las cosas creadas por mi Padre y modeladas por las manos artísticas del hombre, ¿por qué esperabas recibir una reprimenda? Porque Moisés intentó en otra época combatir la idolatría y la adoración de los falsos dioses, ¿por qué todos los hombres han de rechazar la reproducción de la gracia y de la belleza? Te digo, Flavio, que los hijos de Moisés lo han comprendido mal, y ahora convierten en falsos dioses hasta sus prohibiciones de las imágenes y de los retratos de las cosas del cielo y de la tierra. Pero, aunque Moisés enseñara estas restricciones a las mentes ignorantes de aquellos tiempos, ¿qué tienen que ver con nuestra época, en la que el Padre que está en los cielos es revelado como el Soberano Espiritual universal por encima de todo? Flavio, te aseguro que en el reino venidero ya no continuarán enseñando ‘No adoréis esto y no adoréis aquello`; ya no se ocuparán de ordenar que os abstengáis de esto y que tengáis cuidado de no hacer aquello, sino que todos se ocuparán más bien de un solo deber supremo. Y este deber de los hombres está expresado en dos grandes privilegios: la adoración sincera del Creador infinito, el Padre Paradisiaco, y el servicio amoroso otorgado a nuestros semejantes. Si amas a tu prójimo como a ti mismo, sabes realmente que eres un hijo de Dios.
(1600.4) 142:4.3 «En una época en que mi Padre no era bien comprendido, las tentativas de Moisés por oponerse a la idolatría estaban justificadas, pero en la era por venir, el Padre habrá sido revelado en la vida del Hijo; y esta nueva revelación de Dios hará que sea perpetuamente inútil confundir al Padre Creador con los ídolos de piedra o las imágenes de oro y plata. En lo sucesivo, los hombres inteligentes podrán disfrutar de los tesoros del arte, sin confundir esta apreciación material de la belleza con la adoración y el servicio del Padre Paradisiaco, el Dios de todas las cosas y de todos los seres.»
(1600.5) 142:4.4 Flavio creyó todo lo que Jesús le enseñó. Al día siguiente se dirigió a Betania más allá del Jordán y fue bautizado por los discípulos de Juan. Hizo esto porque los apóstoles de Jesús aún no bautizaban a los creyentes. Cuando Flavio regresó a Jerusalén, dio una gran fiesta para Jesús e invitó a sesenta de sus amigos. Muchos de estos convidados también se hicieron creyentes en el mensaje del reino venidero.